Pearl Harbour

PEARL HARBOR

Tras la Segunda Guerra Mundial, Chuichi Hara, almirante de la Flota Imperial japonesa, dijo: “El presidente Roosevelt tenía que habernos condecorado a los japoneses por haber atacado Pearl Harbor”. No le faltaban motivos para decir tal cosa. Gracias a su intervención en esta guerra, lograrían los Estados Unidos convertirse en la primera potencia del mundo.

Para el “Día de la infamia”, el 7 de Diciembre de 1941, Estados Unidos es la 17ª potencia en cuanto a infantería y aviación, y la 2ª o 3ª en lo naval. Entre el 60 y 80% de la población era decididamente aislacionista y poco le importaba la guerra en Europa. Primero América era el lema de moda y en boca de todos. Y esta era la idea que defendían personajes como William Randolph Hearst, magnate de prensa, Joseph Kennedy, padre del futuro presidente, o Henry Ford, el fabricante de automóviles. Así que Roosevelt se presentó a la reelección, pese a la polio, con la promesa de que ningún muchacho norteamericano moriría en las trincheras europeas… hasta que Japón se incorpora al Eje en Septiembre de ese mismo año y ocupa, con el consentimiento alemán vía gobierno de Vichy, la Indochina francesa y busca acuerdos políticos y económicos con las Indias Orientales Neerlandesas.
Las relaciones entre ambos países ya estaban muy deterioradas desde la ocupación de China en 1937, y empeoraron más todavía cuando en Octubre del 41 el general Tojo Hideki se convirtió en primer ministro. Hideki era un defensor a ultranza de la guerra total y había comandado a las tropas japonesas en la ocupación de Manchuria.

 


Los militaristas japoneses, al igual que sus homólogos alemanes, precisaban de espacio vital, pues Japón era pequeño y pobre en materias primas. Por ello miraban codiciosos los yacimientos de hierro, caucho y petróleo del sureste asiático. Japón estaba arruinado en 1940 por culpa de la guerra en China, sufriendo miseria y racionamiento. Sólo tenía dos alternativas: o se retiraba de China renunciando al sueño imperial -Hiro-Hito había inaugurado con su reinado la era Showa (brillante armonía) y fué el último emperador que mantuvo la idea sintoísta de su divinidad, hasta que fué obligado a admitir su humanidad en 1946 por los estadounidienses-, o proseguía la guerra buscando esas materias primas en otra parte. La oportunidad fue la Indochina francesa. Cabía de esperar, pues, que la represalia de Estados Unidos fuese la congelación de los bienes japoneses en su territorio y la aplicación de un embargo de las ventas de materias primas, entre ellas el petróleo. Aún más, el 26 de Mayo promete ayuda a Chiang Kai-Chek. Los japoneses, ahogados de esta manera, se decidieron a atacar Pearl Harbor. Tojo diría antes de subir al cadalso en 1948, que este ataque era en defensa de Japón ya que cruzarse de brazos hubiese significado la destrucción del país.

Las razones argumentadas para el ataque fueron entonces la de liberar Asia de las garras de los imperios coloniales europeos, tales como Reino Unido, Francia u Holanda -Asia para los asiáticos-, y lograr la Esfera de la Coprosperidad, con la que los teóricos nipones de la guerra rompían el embargo de los Estados Unidos para buscar en Indonesia, Tailandia, Singapur, Malasia o Filipinas las materias primas que le eran negadas.
El ataque a Pearl Harbor fue planeado por el almirante Onishi y por el capitán de fragata y as de la aviación Minoru Genda, bajo las órdenes del almirante Yamamoto Isoroku, paradójicamente contrario a una guerra con los Estados Unidos, pues conocía muy bien su potencial industrial y humano gracias a su trabajo como embajador primero, y como agregado naval después en ese país, pero que fue presionado mientras veía cómo se asesinaba a los vacilantes. No obstante, dicho ataque se produciría sólo si fracasaban las negociaciones para un acuerdo pacífico que deberían contemplar la no intervención estadounidense en los asuntos chinos y dejar las manos libres japonesas para obtener las materias primas necesarias para su desarrollo.
Según siempre se ha dicho, los 25 buques y 6 portaaviones japoneses que partieron sigilosamente desde la desierta bahía de Hitopaku, en las Kuriles, se situaron sin ser advertidos a poco más de 300 Kms de Pearl Harbor. Sin embargo, según historiadores revisionistas, esto no fue así. Quebrado el secreto del código nipón Magic-Purple, llegaron señales inequívocas tanto a los británicos como a los estadounidenses de lo que se estaba preparando.

Según Stinnet, en su libro The day of the deceit, los archivos nacionales guardan más de cien mensajes emitidos o recibidos por la flota japonesa durante toda su travesía de 11 días a lo largo de 5630 Kms.
¿Un ataque japonés? Sí, pero ¿cuándo, dónde? Se sabía que iban a atacar, pero el almirante Kimmel, jefe de la flota de Pearl Harbor, no tenía los globos defensivos del puerto puestos, ni las redes anti torpedos en una increíble muestra de confianza y teniendo en cuenta que Pearl Harbor era la base más importante en el Pacífico. Kimmel pudo argumentar que no fue informado de las señales recibidas de un inminente ataque japonés, pero no deja de resultar igualmente increíble que el telegrama en el que se le informaba, enviado dos horas antes del ataque, se confiara a la Western Union -compañía de telegrafía comercial- y a un muchacho hawaiano que debía entregar dicho mensaje viajando en bicicleta, y que tuvo que refugiarse al verse sorprendido por las bombas niponas.