Malvinas: Operación Uka-Uka

MALVINAS: OPERACIÓN UKA-UKA

Contraalmirante (RE) Julio Marcelo Pérez


A mediados de mayo, me llamó el Contraalmirante Allara, quien me preguntó sobre la posibilidad de desmontar la instalación de Exocet de algún buque y llevarla a Malvinas como batería costera para responder al incesante cañoneo naval británico ya que atacaban todas las noches sin que desde las islas se les pudiese responder el fuego.

Le contesté que esa tarea demandaría unos 45 días, y que el sistema sería engorroso de transportar…

El Almirante Allara me contestó que no se podía esperar tanto tiempo por lo que le dije que trataría de hacer algo más rápido y de emergencia, aunque no podía aseguararle que tuviese éxito en lograr un resultado positivo.

 


Me junté en el arsenal con los civiles Shugt y Torelli, dos jóvenes técnicos que ya habían trabajado conmigo en la instalación del banco de control de misiles y en las instalaciones de nuestros viejos destructores y nos pusimos a analizar el problema y a diseñar un sistema precario de control de lanzamiento, que denominamos ITB, “Instalación de Tiro Berreta”, como un chiste entre nosotros por la precariedad del sistema.

Así creamos unas “cajas” de empalme que nos permitió comenzar a medir las corrientes y señales que recibía y transmitía el misil para determinar exáctamente como es la característica de intercambio eléctrónico de señales entre la ITS y cada misil. Una vez que conocimos en detalle todas las señales nos quedaba el problema de generarlas, enviarlas al misil y finalmente que él mismo respondiera como si hubiesen sido enviadas por la Instalación de a bordo (ITS)…
Finalmente, luego de quince días de trabajo contínuo pudimos simular todo el proceso de lanzamiento y verificar en el Simulador Vector que el misil hubiese recibido la información que se deseaba. Cuando logramos replicar esto, habíamos conseguido nuestro objetivo de reemplazar toda la instalación de a bordo o ITS por nuestra instalación precaria (que estaba armada en tres cajas de unos 70 cm por 40 cm por 20 cm) … En ese momento, tenía la certeza que podría efectuar lanzamientos con la ITB pero, para asegurarnos que andaría como suponía, efectuamos unos 15 “lanzamientos simulados” con el simulador de vector, que, en teoría, nos dieron un funcionamiento correcto.


Paralelamente a esto, en los Talleres Generales del Arsenal de Puerto Belgrano se construyó, sobre la base de un par de viejos chatones, un sosten para poder montar dos misiles Exocer MM-38 en sus contenedores (la rampa de lanzamiento) y en el otro, el generador eléctrico y nuestras “cajas” que formaban la ITB. Así quedó el sistema en dos catafalcos, uno con dos MM-38 y otro con el generador, un viejo Siemens de tecnología de los años 30, usado en los reflectores antiaéreos de aquella época, por la Infantería de Marina.


Finalmente tenía todo listo. El entonces Jefe del Arsenal, Capitán de Navío Degrange me dijo que designara a un Oficial para enviarlo a Malvinas con la instalación a lo que le respondí que yo era el que iría ya que conocía en detalle lo que habíamos hecho y además había diseñado los circuitos que habíamos injertado para hacer la ITB.


Se coordinó todo y cargamos los dos carretones en sendos C-130 Hércules de la Fuerza Aérea Argentina. Para tener una idea, cada uno de los carretones (uno con dos misiles y el otro con la ITB) pesaba del orden de los 5.000 Kg.

Salimos de Espora en dos Hércules. Yo iba en el que llevaba la ITB. Llegamos a Comodoro Rivadavia, donde se armaba el plan de cruce a las islas. Salimos de noche desde Comodoro, y comenzamos el cruce volando en vuelo rasante para no ser detectados por el radar de algún buque enemigo. Era tan baja la altura de vuelo que se veían las salpicaduras de mar en el parabrisas del avión. A causa de esa baja altura de vuelo el avión no podía virar (pues metería un ala en el agua) a menos que se elevara (cosa suicida pues sería un blanco fácil). Cada media hora ascendíamos brevemente para dar un barrido corto de radar a fin de detectar si había algún buque enemigo y volvíamos a zambullirnos a vuelo rasante.

Quiero destacar, por que lamentáblemente no ha sido suficientemente reconocida la profesionalidad y el valor de los pilotos de transporte de la Aviación Naval y la Fuerza Aérea, pues volando de noche a ras del mar y sin ningún armamento como defensa abastecieron durante todo el conflicto a la isla. Son merecedores de un gran reconocimiento.

A las tres horas de vuelo nos infomaron desde las islas que el aeropuerto estaba siendo atacado, por lo que debimos regresar. Al tercer intento pudimos cruzar y aterrizar en Malvinas con los dos Hércules.

Al llegar pusimos a los dos carretones en un galpón de Puerto Argentino. Al día siguiente, el Contraalmirante Otero (Jefe Naval en las islas) me asignó dos Tenientes de Fragata de Infantería de Marina para que colaboraran conmigo en el empleo del sistema. Ellos eran los TF IM Rodríguez Edgardo y el TF IM Abadal Mario (hoy ambos son Capitanes de Navío). A ellos se sumó el TF IM (RE) Ríes Centeno, a la sazón productor de “La Aventura del Hombre”, que se encontraba con un equipo de filmación en las islas. A ellos les expliqué el funcionamiento de la ITB y como se debía proceder para efectuar un lanzamiento a fin que, por cualquier circunstancia siempre hubiese quién pudiese operar el sistema. Luego se sumó a Ríes Centeno el Sgto. Sánchez del Ejército Argentino que operaría el Radar RASIT, único radar portátil disponible para que fuera el que nos proveyera de los datos del blanco, a pesar que es un radar de vigilancia terrestre.
El RASIT nos daba los datos en milésimas y nosotros operábamos en grados y kilómetros, por lo que calculé una tabla de conversión para poder alimentar los datos al sistema. Además tenía que efectuar otros cálculos, que también tabulé, ya que la ITB era tan precaria que la mayor parte de los datos que en la Instalación de Tiro Standard se introducen posicionando algunas perillas, en nuestro caso se los debía introducir ajustando el valor de distintas tensiones contínuas mediante un conjunto de portenciómetros y midiendo la tensión con un voltímetro…
Por el problema del peso de nuestro sistema sólo podíamos desplazarnos por el único camino asfaltado entre la localidad y el aeropuerto y finalmente atravesarlo (esto último lo hacíamos a mano) sobre dicho camino ya que era imposible ponerlo en la turba pues se hundiría hasta los ejes irremediablemente.